martes, 11 de noviembre de 2014

Esas personas...

        En la filosofía de moda, se habla mucho de vivir el presente, dejar atrás el pasado y no vivir esperando el futuro sino estar ahí, en el momento, en mente, cuerpo y alma absorbiendo lo que nos da la vida para ser disfrutado por nosotros.

        Estoy muy de acuerdo con este ejercicio, y digo ejercicio pues es tan difícil mantenerte en ese estado presente como continuar yendo al gimnasio luego de la entusiasta primera semana de absoluta confianza en uno mismo... Si... el presente y vivirlo, es cosa complicada, pero realmente gratificante y hasta absorbente si logras tomarlo con infalible concentración.

        No quiero con esto desmerecer nuestro pasado o el posible futuro, posible pues dentro de un minuto podría no ser una opción, no lo sabemos, aún no hemos llegado. No, para nada, de hecho este escrito no está dedicado al presente, con todas sus maravillas ni al futuro con todas sus posibilidades e incertidumbres... este se lo quiero dedicar a lo que fue...

       Mi vicio, puede ser el pasado y hoy por hoy, y cada día más lo miro con otros ojos... desde pequeña y luego en mi adolescencia temprana solía mirar hacía atrás todo el tiempo, y más que regocijarme, me llenaba de nostalgia todo lo dejado atrás. Nostalgia... tristeza... melancolía y me pegaba, me aferraba de la manera más optimista esperando que esos días se repitieran para recordar cada detalle.

       Por años guardé todo... desde regalos, dibujos, cartas, pétalos, envoltorios de chocolate, agendas llenas de memorias, absolutamente todo lo que me pudiese llevar de vuelta a aquel momento feliz, o triste o falso. Con el tiempo, en momentos de lucidez, he dejado ir muchas de esas cosas... libretas con números que deben estar obsoletos y que por más que quisiera llamar a cada uno de ellos para saber si viejas compañeras de colegio viven ahí... ya hoy no tiene mucho sentido.

       Una vez, me contaron el cuento del tren y sus estaciones y como hay personas que nos acompañan sólo en una parte del trayecto y otras el viaje entero. En ese caso hay muchas personas que ya bajaron del vagón pero por el afán de guardarles un asiento, quizá no dejo entrar a personas que hoy se han subido y esperan de pie aferrados a los agarraderos disfrutar de mi compañía.

      Y es que no puedo evitar, emocionarme cuando recibo un mensaje de alguien querido, o más bien apreciado, hay personas que quisiera mantener cerca porque aún sin saberlo aportaron algo tan especial a mi vida que no puedo dejarlos ir, aún no...

     Quizá algún día escriba esa Oda al pasado... una vez que lo supere, que lo haga tan mio, que no tenga que buscarlo en agendas, o recuerdos pues quizá en ese momento me de cuenta de que lo mejor que dejó el pasado es la Dunia del presente.






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